viernes, 5 de agosto de 2011

Algunas palabras para mi hija

La vida terrenal es un laboratorio al que hemos venido para experimentar todo tipo de sentimientos y emociones, placer, dolor, etc. Debemos disfrutar de la vida. A lo largo de nuestra existencia atravesamos momentos difíciles pero el objetivo final es aprender y evolucionar nuestro espíritu, mediante el goce de las maravillas que este mundo nos ofrece, siendo felices siempre.

Hija, tu llegada a este mundo le abrió las puertas a mi corazón para que mi alma se expanda y sea libre. Contigo no existe motivo para estar triste. Me has hecho crecer en todo sentido y eso te lo agradezco.

Eres tan especial y alegre que la vida es maravillosa a tu lado. Tus palabras y tus gestos me dan vitalidad:
“mami te estañe cuando estaba en el jardín”
“¿te acordás que me retaste?”
“me porto mal” (previo al llanto descontrolado)
“no se dicen malas palabras”
“papito es mió” o “mamita es mía”
“mamita te quiero mucho pero mucho” (con gesto melodramático, justo cuando te estoy retando)

Sos muy inteligente y estás siempre atenta a todo lo que sucede a tu alrededor. Sos simpática con la gente y bastante “mandona”. Las seños me dicen que te gusta explicar qué es lo que te molesta y por qué. Le ponés énfasis a las palabras (aún un poco mal expresadas) y podés llegar a discutir cualquier cosa.

Tenés carisma para el baile y lo disfrutas a pleno. Pero te molesta que yo baile también, aunque “me permitís” ir a mis clases siempre y cuando baile “pepe” y “estatuas” pero nada de reggaeton (extrañamente, muy bien pronunciado).

Hijita hermosa mía, deseo que siempre seas así: Feliz y alegre, a pesar de las circunstancias. Yo te prometo poner lo mejor de mí para que nuestra vida familiar está determinada por estos parámetros: la felicidad, la alegría, la expresión de sentimientos y emociones, el respeto por el otro, etc.

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